
Somos dos criaturas solitarias
Cobijadas en el parto de la noche
Protegidas por el silencio
Amparadas por el pecado.
Somos dos fugitivos desesperados
Escapando de las garras de la rutina:
Del cilicio y del paso de los años;
Del velo desgastado que arropa nuestra vida;
Construyendo un espacio aparte,
Una celosía que nos guarde
Del juicio de cobardes y puritanos;
Un refugio perfecto para encontrarnos
Y consumir nuestro romance sin futuro,
Pero un romance perfecto –al fin y al cabo-
Como una pieza maestra,
Tallada en besos urgentes
Que brotan de nuestros labios necesitados.
Una obra absoluta,
Sin amigos en común, ni noches de fiesta
que se alimenta, día tras día
mientras esperamos que tanto fuego
no termine dañando nuestras vidas.
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