martes, marzo 27, 2012

ÁGORA


La soledad

Es el cilicio que ajusta el nervio

De los que respiramos

La dulce humedad de esta vocación

Labrada en piedra.

De insectos

Que han renunciado a la sordidez

Del mundo;

Que han evitado el cóctel somnífero

De los buenos tiempos.


Es la muralla

Que nos libra del color absurdo,

De la sonrisa perenne,

Del comentario inservible

Y de la caja luminosa,

Que somete al mundo

Noche tras noche.


Es el rostro horrendo

Que espanta toda oportunidad

De vida efímera, normal, tediosa.

Que nos ciega ante ese mal

Llamado futuro,

Y nos envía, día tras día,

A hurgar en nuestra memoria

Y luchar contra la miseria

De nuestra triste humanidad.


Es la amante perfecta,

Silente, absoluta,

Que sostiene nuestra mano temblorosa

Sobre la hoja rebelde

Tejiendo el pequeño nido

Donde las ideas se convierten

En un grito despiadado

Cargado de eternidad;

En el patético camino

Que los perdedores recorremos

Para librarnos de la muerte.