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| "The Sailor's Toy" by Jack Vettriano |
Caída la tarde abres la puerta;
las grandes mamparas, la alfombra nueva:
todo lo nuestro renace
bajo el imperio regente de tu mirada.
Tus manos batallan con mi naturaleza,
tu cuerpo arde como una pira
en medio de un calvero cubierto por la niebla.
Tus labios producen estigmas,
queman la tela, la piel, el alma;
bordan mi memoria como una enredadera,
como el sonido de la muerte,
como el filo agudo de una espada.
Cortas mi voluntad en sangrantes jirones,
aprisionas mi razón, secuestras mi sosiego,
invades el puerto de mi recelo con parsimonia,
lento, muy lento, como la quietud matutina del océano,
como el sonido ausente del viento en una cálida mañana;
me vulneras.
Me pierdo entero en la tormentosa agonía de tus olas.
y nuestros cuerpos no dan tregua,
al vuelco salaz del tiempo contenido
en las crueles estacas que adornan nuestros relojes;
al tiempo, a los días, a todo ese espacio que ahora muere
sin importarnos. A todas esas angustias
que, de pronto, se desvanecen.
La paz reposa sobre tus piernas,
tu mentón sobre mi pecho,
tus hombros desnudos,
tus labios contritos diciéndome “ya vete”,
las grandes mamparas, la alfombra nueva,
una puerta que se cierra y mis pasos
recogiéndose uno a uno,
albergan la esperanza de poder darte batalla
cuando el reloj vuelva a atormentarnos
y los besos se diluyan con la nostalgia
y se conviertan en la desesperación
por amarnos
otra tarde.
