En este rincón solitario
Ataviado con tranquilas melodías
La historia transcurre a través de mis manos.
El viento
-Como todo en mi vida-
Sopla en contra, pero reconforta.
No es una mala tarde, pienso,
A pesar de que todos se han marchado
Y no hay más que cemento y melancolía
Por los tiempos casi borrosos
Y el recuerdo de alegres voces
Que recorrían los pasadizos
Y llenaban las habitaciones.
De todo eso ya ni la nostalgia,
Sólo un sabor rancio en la boca
Cuando pienso en ellos, allá afuera
Cargando la misma sangre que yo derramo ahora
Culpables todos, al fin y al cabo,
De esta extraña orfandad.
