
Los comentarios vertidos ayer por los algunos representantes principales del APRA (incluyendo a Mulder y Velasquez Quesquén) han intentando convertir las declaraciones del depuesto candidato Carlos Roca en una pataleta de niño frente a la imposibilidad de aspirar al sillón Edil.
Es cierto: Carlos Roca tuvo una inscripción tardía. Ello ponía cuesta arriba la posibilidad de competir con los candidatos de mayor preferencia Alex “Homeless” Kouri y la cándida Lulú. Si a ello le sumamos la total desconfianza que –a costa de grandes escándalos- ha cosechado el APRA (cosa que, vale decir, tenían más que prevista a favor de sus bolsillos) tenemos como resultado una candidatura jalada de los pelos.
La pregunta que debemos hacernos no es ¿por qué pusieron a Roca como candidato? Vamos, estamos hablando del APRA. Vale decir, de unos expertos en materia política nacional. Unos maestros de las alianzas y las pasadas por debajo de la mesa. No son improvisados. Sus gestiones truculentas y casi mafiosas nos hacen ver que son un grupo organizado de guantes blancos y artimañas magistrales a la hora de aspirar al poder y a los beneficios pecuniarios –siempre torcidos- que se obtengan del mismo.
Entonces, si la inocencia de los compañeros está descartada, habría que pensar en que la candidatura de Roca podría haber sido una medida de presión para alguno de los candidatos que están arriba de la torta. Un pequeño golpecito en el hombro que podría traducirse como: “o juras apoyarnos, o le damos todos los votos a nuestro candidato y te friegas”.
Si sabemos que Lourdes está casi segura. Y que además, a pesar del escándalo con Cataño, es probable que su gestión sea buena y por ende contraproducente para una posible Keiko en el poder (Como lo fue Andrade contra Fujimori –recordemos que ahora estamos en el evidente período del Aprafujimorismo o Fujiaprismo, como deseen llamarlo) podemos pensar que la victima de tamaña presión sea Alex “Homeless” Kouri, quien, de contar con los votos del APRA, de la juventud aprista y de todos aquellos muchachos que, por puro corazón o por honor a su abuelo, creen aún en Víctor Raúl, podría repuntar y dejar una vez más en la ruina a la cándida Lulú.
Por tanto, podemos suponer que el retiro de la candidatura de Roca no es más que el cumplimiento de una parte de una novela más grande. Es posible que Kouri haya aceptado el “apoyo” de los compañeros, a cambio de los beneficios correspondientes. Y no es de extrañar que este apoyo se traslade inmediatamente a Lourdes si antes de llegar a las urnas hay un despunte que relegue a Kouri a una derrota fija.
¿Por qué Kouri? o ¿Por qué, en su defecto Lourdes? Es la pregunta que nos viene en seguida.
Porque son parte de la movida, porque saben que en el poder siempre hay su cochinadita y porque sabrán jugar sus cartas con el APRA, de manera tal que no habrá perjuicio para Alán y Cia. Además, como plus, cabe señalar que ambos partidos pertenecen a esa derecha siempre favorable para los empresarios y las licitaciones “con regalo bajo la mesa”. Es decir, son parte del mismo jardín. Apoyar a un partido socialista implicaría demasiados problemas (trabas en los faenones, demasiado gasto en inversión pública y social, solución de la seguridad ciudadana y fin del “estado de miedo” que manipula la conciencia de la gente, etc.), incluyendo la fiscalización del mandato de Castañeda, que es un hombre a quien, de acuerdo a las medidas tomadas por el actual congreso liderado por el APRA, desean proteger por si termina ocupando la plaza que parece destinada a Keiko.
¿Qué tal roca la de Roca? No. Una gran jugada del APRA, para desgracia nuestra.
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