
La casa,
es una tumba solitaria y oscura,
donde reposan recuerdos torcidos,
desgarros,
el corazón lloviendo sangre,
y la pena,
cubre los muebles con un manto blanco,
encera el piso con adioses,
prepara manjares de olvido
y lástima.
Te veo,
y veo también a mi madre,
gritándome,
apareciendo en los rincones,
rechazando mis manos dolorosas,
mientras la culpa se ríe
y el reloj me pregunta
cómo es que puedo vivir así,
lejos de todo,
sumido,
en aguas hurañas,
y platos desalmados
que presumen su vacio en las noches.
Cocino miserias,
unto panes con recuerdos
y lejanías,
empozado en negra gelatina,
devorando la aridez de mi garganta,
sorbiendo
muy lentamente
esta sopa de recuerdos infelices,
mientras espero
que la piedad
también sea una virtud
para la muerte.





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