Me gusta el espacio que parte
desde tu oreja, desciende por el lado derecho de tu rostro y muere en esa delgada
clavícula que asoma como la pequeña loma que le pone fin al valle. Es el espacio
que recorro con labios abnegados tratando de eternizar tu esencia y el jazmín
de tu perfume; el manto rosa de infierno y esperanza en el que me pierdo cada
noche, bajo luz tenue, alejándote del resto, apagando el mundo y ciñéndolo a
ese pequeño reino hecho de tu carne. Es el lugar perfecto para el silencio,
para mi urgente necesidad de amarte.
