
Lima, mi Lima. Ciudad con una belleza cautiva, con rincones plácidos, hermosos, turbios, peligrosos. Olvidada muchas veces. En ocasiones, despreciada bajo el ojo cruel del residente que quiere que seas París, Buenos Aires o Santiago, sin saber que en tu extraña imperfección radica tu adorable naturaleza y que eres el fiel reflejo de los que te habitan. Yo, que me he perdido en tus calles inmundas y tus hermosos parques; que he recorrido tus tugurios, de mercaderes y delincuentes y he saboreado la comida exquisita de tu vientres; que conozco tu damero y la explosión de los nuevos vecindarios -residenciales o barrios- donde ya no llega el eco de tu historia, yo sí te quiero.
Feliz día, adorable y caótica cuna.
Feliz día.
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