
Acompañan tu paso en la vereda.
La bruma te escolta, sigilosa,
El viento se sujeta a tu cabello.
Y pasan las luces afiladas de los postes,
Resaltado la humedad en tus mejillas.
El silencio,
Perturbado por el trueno y los tacones,
Golpeando el cemento como un trote lento.
Tus brazos cruzados,
Tus manos muriendo de frio,
Tus recuerdos blancos y el sonido de un claxon
A lo lejos,
Donde ya puede verse el mar.
La luna echa su velo,
Sobre las aguas mansas de ese océano
En el que fuimos felices alguna vez
Los botes de pesca descansan sobre la orilla
Donde tiempo atrás jugamos
Cuando todo era ilusión,
Infancia;
Cuando la vida nos mantenía el camino llano.
Pero ahora,
Cruzas la calle, esquivando la las lágrimas.
Echando atrás las sonrisas,
Las viejas fotos perfectas,
Cierras el manto del nosotros con un broche.
Y se pierden tus pasos,
Bajo los ojos sentidos de la noche.
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