
Es probable que muchos, al igual que yo, no logremos comprender cómo es que un país como Venezuela puede estar mayoritariamente a favor de un presidente como Hugo Chávez. Sin embargo no es tan difícil explicarlo. Es el resultado de un cúmulo de desazones clavadas en el corazón del pueblo fracturado, tan fracturado como el que podría existir en Perú.
Chávez, a través de su política populista, migajera y bravucona, se ha metido al bolsillo al común y corriente, que lo respalda pues cree, con ilusión, que es ese el camino a su reivindicación social y a la única oportunidad de poder contar con aquellas cosas que la derecha, siempre inclinada hacía las manos de los ricos, le ha negado.
Sin embargo, lo que esta gente humilde desconoce es que su gobierno no es perpetuo, y que todas estas licencias sociales soportadas por el colchón petrolero no serán eternas. Pero lo que es peor. Estas licencias sociales otorgadas por Chávez no son más que una ilusión vaga y pasajera y no son el camino del progreso que tanto anhela el pueblo, sino tan sólo una migaja más grande, que palia el hambre, pero no nutre, y que finalmente, cuando termine, hará que el pueblo pase de la pobreza a la miseria.
El soporte ahora es fuerte. Chávez tiene a USA sujeto por los huevos. “Atácame y te corto el ingreso de petróleo”. Y confía en que sus amigos de la OPEP tomen medidas similares. Es parte de una novela de riñas y arañazos, pero en el fondo todos los actores se reparten el mismo premio. USA se queda tranquila: Chavéz puede joderlos, pero mientras llegue petróleo, que grite todo lo que quiera.
Sudamérica, en cambio, sufre los embates de este pobre midas, que ha financiado campañas en países cuya estructura social es similar a la de su país. Ecuador y Bolivia han colocado en el poder a presidentes que, en caso de algún conflicto internacional, tendrán la obligación (financiera) de arrastrar a sus respectivos países a un conflicto del cual saldrían perdedores. El pueblo vota porque tiene hambre, sufrirá después, pero ¿qué cuesta engañarse?
Chávez ha roto relaciones con Colombia. Su afán imperialista (siendo crítico del imperialismo yanqui) le ha llevado a tomar acciones disparatadas como pronunciarse en contra de la captura de Rodrigo Granda, activista de las FARC. Dicha acción fue calificada por Chávez como un secuestro. Nada más afrentoso y vil por parte del presidente de un país vecino contra el pueblo colombiano que sufre una guerra sangrienta, como la que sufrimos los peruanos hace muchos años.
Ahora Chávez ha roto relaciones con Colombia. No pretende prestar ninguna ayuda con respecto a la investigación de campamentos de las FARC en territorio Venezolano. Tanta negativa no puede sino hacernos suponer que Chávez protege a las FARC y que así como se hallaron campamentos en Ecuador, es posible que se encuentren bases guerrilleras en Venezuela.
El fin es el poder. El poder a costa de la insulsez del pueblo, de las falsas esperanzas de la pobreza paliada por medias radicales y extremas. El pueblo se agita feliz y agradecido, sin saber que cuando esta alianza a base de petróleo y matonería caiga, encontraran una letrina asquerosa, que los dejará embarrados por muchos años y que será el mejor motivo para que la derecha regrese, a darles la misma migaja, hasta que la rueda de la historia se repita.
Chávez, a través de su política populista, migajera y bravucona, se ha metido al bolsillo al común y corriente, que lo respalda pues cree, con ilusión, que es ese el camino a su reivindicación social y a la única oportunidad de poder contar con aquellas cosas que la derecha, siempre inclinada hacía las manos de los ricos, le ha negado.
Sin embargo, lo que esta gente humilde desconoce es que su gobierno no es perpetuo, y que todas estas licencias sociales soportadas por el colchón petrolero no serán eternas. Pero lo que es peor. Estas licencias sociales otorgadas por Chávez no son más que una ilusión vaga y pasajera y no son el camino del progreso que tanto anhela el pueblo, sino tan sólo una migaja más grande, que palia el hambre, pero no nutre, y que finalmente, cuando termine, hará que el pueblo pase de la pobreza a la miseria.
El soporte ahora es fuerte. Chávez tiene a USA sujeto por los huevos. “Atácame y te corto el ingreso de petróleo”. Y confía en que sus amigos de la OPEP tomen medidas similares. Es parte de una novela de riñas y arañazos, pero en el fondo todos los actores se reparten el mismo premio. USA se queda tranquila: Chavéz puede joderlos, pero mientras llegue petróleo, que grite todo lo que quiera.
Sudamérica, en cambio, sufre los embates de este pobre midas, que ha financiado campañas en países cuya estructura social es similar a la de su país. Ecuador y Bolivia han colocado en el poder a presidentes que, en caso de algún conflicto internacional, tendrán la obligación (financiera) de arrastrar a sus respectivos países a un conflicto del cual saldrían perdedores. El pueblo vota porque tiene hambre, sufrirá después, pero ¿qué cuesta engañarse?
Chávez ha roto relaciones con Colombia. Su afán imperialista (siendo crítico del imperialismo yanqui) le ha llevado a tomar acciones disparatadas como pronunciarse en contra de la captura de Rodrigo Granda, activista de las FARC. Dicha acción fue calificada por Chávez como un secuestro. Nada más afrentoso y vil por parte del presidente de un país vecino contra el pueblo colombiano que sufre una guerra sangrienta, como la que sufrimos los peruanos hace muchos años.
Ahora Chávez ha roto relaciones con Colombia. No pretende prestar ninguna ayuda con respecto a la investigación de campamentos de las FARC en territorio Venezolano. Tanta negativa no puede sino hacernos suponer que Chávez protege a las FARC y que así como se hallaron campamentos en Ecuador, es posible que se encuentren bases guerrilleras en Venezuela.
El fin es el poder. El poder a costa de la insulsez del pueblo, de las falsas esperanzas de la pobreza paliada por medias radicales y extremas. El pueblo se agita feliz y agradecido, sin saber que cuando esta alianza a base de petróleo y matonería caiga, encontraran una letrina asquerosa, que los dejará embarrados por muchos años y que será el mejor motivo para que la derecha regrese, a darles la misma migaja, hasta que la rueda de la historia se repita.
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