
Tu adiós aun brilla en la noche,
Ilumina la vereda
Por donde huye tu mirada esquiva.
Intento alcanzarte,
Pero mis pasos, torpes, no pueden
Cubrir la distancia,
Acortar los gritos con los cuales
Silenciamos el romance.
Mis manos se han agrietado,
Han erosionado ante el vacio de detalles.
Mis labios extrañan tu saliva,
Mis sentidos acusan la ausencia,
Del olor salvaje de tu vientre.
Mientras tanto, la nostalgia,
Gotea como savia amarga
En el árbol de mi vida;
Y la lluvia, furibunda,
Y los recuerdos,
Me dejan pegado al suelo
Justo ahora que tu adiós ilumina la vereda
Y brilla en lo profundo de la noche
En la que todo se termina.